¡Pandora! ¡no abras ese sarcófago!
¿qué tal si un día de estos, por pensar en algo, se me pasara por la cabeza la idea de dejar de creer en el dinero? ¿qué tal si un día de estos se me diera por creer que el papel moneda no es más que eso: papel, mugroso y repulsivo pedazo de papel lleno de gérmenes? ¿qué pasaría? tengo una teoría: en ese mismo instante un joven, brillante y exitoso ejecutivo bancario desaparecería para siempre —por combustión espontánea—, tristemente quizá dejando a su suerte un cónyuge bien parecido y saludables hijos
si vemos más lejos es porque estamos parados sobre las cabezas de los desafortunados
lo absurdo adolece de realidad
si no hay verdad, entonces lo difícil es equivocarse
vengo del espejo, había un sujeto ahí, es decir, un cúmulo molecular alrededor de un abismo de espacio vacío, —yo, que siempre he odiado las descripciones físicas, intento esta:—, tenía el pelo ralo con visos de una incipiente calvicie, en sus rasgos faciales creí entrever una cierta medianía,  —unas glándulas sebáceas demasiado entusiastas quizá—, el sujeto usaba anteojos y detrás de los anteojos, ojos con signo de cansancio; mediano de estatura, delgado de complexión, aunque con una importante convección a la altura del abdomen; vestía con descuido, aparte de lo cuál el sujeto parece pertenecer al tipo de persona con la cualidad de pasar inadvertido en todo momento; pero, si uno insiste en observarlo pasando por alto los obstáculos ya descriptos, el sujeto transmite un cierto aire de estar absorto  —yo diría, (y esto es aventurarse y entrar en terrenos escabrosos)— en cavilaciones que lo sumen en un nerviosismo y un derrotismo casi tangible, es decir tensión irresoluta; termino mi observación haciendo notar que después de este ejercicio he terminado experimentando unos pequeñísimos mareos, hecho que trajo a mi memoria una escena de una de mis películas favoritas: Deconstructing Harry; tengo la impresión de haber estado observando a un sujeto algo fuera de foco
tengo una leve sospecha, y es esta: si Cervantes hubiera nacido como mil seiscientos años antes de 1547, hoy estaríamos en el año 2011 d.Q. (por después del Quijote)
Ahí me encontraba yo —era en un día infernal del final de un invierno poco invernal— sudando copiosamente, inclinado sobre una especie de cuestionario donde se suponía debía respaldar con datos mi supuesta capacidad para desempeñar las funciones de un cargo que ofertaban.
Hace rato que había naufragado entre preguntas mal formuladas o directamente estúpidas y otras que para decirlo subrepticiamente me despertaban sospechas, además del enorme tormento que para mí supone el tratar de recordar fechas —y por favor, no hablemos de números de teléfonos—, en fin, una verdadera tortura para un desmemoriado como yo.
Entonces comienza la entrevista y en un momento dado, la amable y simpática funcionaria de recursos humanos —que examinaba lo que había escrito—, me hace una pregunta sobre una laguna de tiempo que en mi enredo con las fechas había dejado entrever. Algo así como ¿qué estuviste haciendo entre tal fecha y tal fecha?, lo que ahora que lo pienso tiene un matiz hasta divertido, por supuesto no supe que responder, la pregunta me tomó por sorpresa, y si había tenido una chance —cosa que dudo—, se tuvo que haber disipado en ese movimiento. Ahora que lo pienso me veo transportado a una película serie b de film noir, poca iluminación, quizá un pequeño foco de luz amarilla bamboleándose sobre mi cabeza, solamente faltó algún derechazo cruzándome la cara, el policía malo, obligándome a confesar.
Y lo confieso, no me entusiasma para nada contribuir a reafirmar el orden actual de las cosas. Lo triste de esto —por lo menos para mi— es que eventualmente me tendré que tragar mis propias palabras —la cual es una afirmación encendidamente optimista—, o… ¿hay un o? no lo sé, no lo veo.
Llovía, llovía preciosamente, y yo, yo caminaba bajo mi paraguas, yo respiraba el aire cristalino de cuando llueve, y caminaba junto a la ruta, junto a una hilera de casas y junto a un pequeño bosquecillo (al otro lado de la ruta), caminaba buscando un lugar en donde aguardar el colectivo que me llevaría a mi madriguera; después de unas cuadras encuentro a un pequeño grupo de paisanos que bajo un árbol inmenso estaban en espera de sendos colectivos que los llevarían a casa, a sus casas, presumí, bajos sus paraguas ellos también, y muy junto a un muro de una casa que ahí había, parados sobre el barro; en cuestión de segundos me doy cuenta de que la razón por la que estos paisanos estaban parados sobre el barro y muy junto al muro de la casa que había ahí, y no sobre la hierba en donde yo me había detenido, junto a la ruta, eran los tremendos salpicones de los vehículos que circulaban a alta velocidad; solo tuve tiempo de dar un medio giro y ¡zas!, totalmente empapado; pero seguía lloviendo, así que me pongo a pensar y llego a la deliciosa conclusión de que no puede existir un evento de más espiritualidad que la lluvia.
Ya en el colectivo y rumbo a mi madriguera se me da por fijarse en todos los rincones, en todas las espaldas de los amables parroquianos, y así descubrir alguna clavija de girar y de dar cuerda a algún arcaico mecanismo de relojería que presumo hace que todas las cosas en esta ciudad y esta misma ciudad toda se mueva. Así es esta ciudad, mi ciudad, es difícil de creer que exista, así de difusa, borrosa, borrosa, cual si fuera la fotocopia de una fotocopia de una fotocopia de otra ciudad que no podría reconocer, es más, no reconozco esta ciudad,  lo digo en un sentido de neutralidad y no de queja, lo digo con todo el sacrosanto optimismo que me genera un día perfectamente lluvioso y por lo tanto largamente espiritual.
las más de las veces en las que uno consigue aprender algo, lo que aprende lo aprende a pesar de los maestros
además de verdades que mienten, existen mentiras con la maldita costumbre de contar la verdad
madurez no es más que otra palabra para resignación
—Mi mente —dijo— se rebela contra el estancamiento. Deme problemas, deme trabajo, deme el criptograma más abstruso o el análisis más intrincado, y me sentiré en mi ambiente. Entonces podré prescindir de estímulos artificiales. Pero me horroriza la aburrida rutina de la existencia. Tengo ansias de exaltación mental. Por eso elegí mi profesión, o, mejor dicho, la inventé, puesto que soy el único del mundo.
Sherlock Holmes, El signo de los cuatro(1890)
uno contra el/los universo(s)
Dios no ha muerto, ha mutado.
hay una grasitud sanguinolenta debajo del barniz de confort y tecnología con que todas las cosas brillan y laten

(la sangre no es de los objetos, la sangre es la de los sujetos anónimos a los que obligan a manufacturar los objetos)
solo en el completo olvido los muertos descansan en paz
en la pantalla, maliciosa y desafiantemente titila el cursor, creo que trata de hacerme quedar en ridículo, tarea poco dificultosa por lo demás, en fin. Aquí yo. Antes se me abrieron las puertas del cielo, pero ahora no pienso en regresar allá. La vida y yo cruzándonos miradas indiferentes, como en un juego imaginario, fingiéndonos dormidos. Le digo a mi piel que seamos todas las criaturas del universo a la vez. Toda criatura es hermosa, toda grieta, no hay razón para tener miedo, no hay nada a lo que temer. Aunque esta vez el invierno va a ser muy muy largo y muy muy frío, hay una energía oscura, dicen y nos hace huir huir huir. Mi punto es este: estábamos muertos antes de nacer, así que; la vida: ese pequeño paréntesis, no debería de representarnos demasiados problemas, eso es. Titila el cursor mientras en mis trazos de caricatura me muestro estable y malhumorado, oscuramente brillante y decolorado, como una criatura de un instante de este universo.
No es que odies a los hombres, ¿por qué habrías de odiarlos? ¿Por qué habrías de odiarte? ¡Tan sólo desearías que pertenecer a la especie humana no fuera acompañado de este insoportable estrépito, que esos pocos pasos irrisorios que hemos dado dentro del reino animal no se pagasen con esta perpetua indigestión de palabras, de proyectos, de grandes comienzos! Pero es un precio demasiado alto por dos pulgares oponibles, por la posición erecta, por la imperfecta rotación de la cabeza sobre los hombros: ¡esta caldera, este horno, esta parrilla caliente que es la vida, estos millones de conminaciones, de incitaciones, de advertencias, de exaltaciones, de desesperaciones, este baño de coacciones que no termina nunca, esta eterna máquina de producir, de triturar, de engullir, de triunfar sobre los obstáculos, de recomenzar una y otra vez, este dulce terror que se empeña en regir cada día, cada hora de tu pobre existencia!
Un hombre que duerme(1967) - Georges Perec
todo el desierto está lleno de almas errantes que no pueden verse tocarse oírse o sentirse
exialiado para siempre del Lejos en el que nunca he estado del Centro en el que nunca estaré, acostumbrándome a desacostumbrarme, pensando no más que en no pensar, levitando la vida, yo no-yo antiyo

todo a lo que uno es capaz de renunciar, todo aquello de lo que uno es capaz de prescindir
al final hasta la vida misma es prescindible

sin disfraz —sin persona— no hay reflejo en el espejo solo escalofríos

hay un ajetreo brutal y sangriento de hombres-insecto, yo que tengo mi quietud de hombre-hongo y hombre-brizna

no hay cuerpo alma y espíritu: hay cuerpo cerebro y adn
una vida leve me transcurre —¿será eso la felicidad?
excavaba mi ausencia en su pecho
dicen que en la espesura de la nada fantasmales partículas danzan un frenético ritual que es de nacimiento concebir y muerte
entonces los gusanos se comen el tiempo y Dios juega a los dados con el universo
y si quieres paz quizás tendrás que desarmarte; desnudarte, si quieres amor
...la desesperación es un narcótico que sume a la mente en la indiferencia.


...tengo algo que decir. El fiscal no ha sido generoso con sus alabanzas,pero al menos ha admitido que tengo cerebro. Gracias, Monsieur, sí que lo tengo. Durante 35 años utilicé mi inteligencia con honradez; después, nadie supo apreciarla. De modo que me vi obligado a montar mi propio negocio; en cuanto a ser un asesino, ¿no lo fomenta la propia sociedad? ¿no es la misma sociedad la que fabrica las armas con el único propósito de matar? ¿no se han utilizado estas armas para matar mujeres, incluso a niños inocentes, de una forma en verdad científica? Como asesino de masas, no soy más que un simple aficionado. Sin embargo, no quiero perder la calma porque muy pronto, voy a perder la cabeza. No obstante, antes de dejar esta brillante existencia terrenal debo decir lo siguiente: Les veré a todos muy pronto, muy pronto...


—Vaya, vaya, Verdoux... Debe admitir que el crimen no compensa.
—No a pequeña escala, caballero.


—¿Qué es eso del bien y el mal?
—Fuerzas arbitrarias. El exceso de una de ellas nos destruiría.
—Nunca puede haber demasiado bien.
—Nunca ha habido bastante, no lo sabemos.
—Le he apoyado durante el juicio, déme una historia con moraleja. Usted que ha sido el trágico ejemplo de una vida criminal.
—No veo quién podría ser un ejemplo en estos tiempos criminales.
—Usted sin duda, que ha robado y asesinado.
—Eso son negocios.
—Otros no hacen negocios así.
—Yo diría que los más grandes negocios, las guerras, los conflictos, todos son negocios; por un asesinato se es un villano, por miles se es un héroe, los números santifican, amigo mío


—Estoy en paz con Dios, mi conflicto es con la humanidad.

Monsieur Verdoux(1947), escrita y dirigida por Charles Chaplin
las grandes religiones surgen de entre los pobres, como una construcción psicológica que tiene por fin conferirle a la carga abrumadora de cumplir la función de material de escombro sobre la que se asienta toda sociedad un cierto matiz de dignidad. Con el tiempo los ricos echan en falta esta especie de dignidad en sus personas y terminan por adueñarse de la religión también
¿dónde está mi mente? mi psique está cansada; lejos, mi cuerpo

¡hey! ¡hey! aquí

intenta vivir sin anestesia
escribo en un fragmento de la desmesura de mi desmadre
—tragicómicos aguijoneos de síndrome de héroe de profeta de clown—
caído en la cuenta
escribo como consecuencia de un malestar a consecuencia de una molestia escribo a modo de remecer mi inconsecuencia

intuyo que lo que nos define como humanos es nuestra completa falta de humanidad

esperando condiciones económicas favorables para dejar correr el flujo de nuestro humanitarismo

lo de la abolición de la esclavitud es una cuestión semántica

el progreso y la civilización consisten en darle a la miseria nuevos y múltiples nombres

y la poderosa y siempre renovable energía de la hipocresía

los están matando a la vuelta de la esquina y aquí frente, pero si no lo decimos quizá no está pasando, en todo caso somos menos culpables

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